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Juan Rodríguez [Consultor] Opera... ¡ el navegador !
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El castellano nuestro de cada día

(Publicado el 28.10.01 en los grupos de noticias de Opera en castellano)

Recientemente se ha celebrado el II Congreso de la Lengua Española, de cuyo desarrollo podéis obtener información en el Instituto Cervantes

Uno de los aspectos más comentados es que si hay tantas personas en el mundo que lo hablan, que si tantos países, que si el inglés, etc.

De entre las muchas reflexiones realizadas sobre la situación y evolución del español (castellano en España), personalmente me quedo con la apreciación de que existe el error generalizado de que el inglés es sinónimo de desarrollo, de intelectualidad, de modernidad. Vamos, que o hablas inglés o vas con unos años de retraso. Y así entre los que lo hablan por presumir y los que lo intentan por aparentar, se usan con toda normalidad expresiones o términos en inglés cuando en castellano tenemos nuestra propia expresión o palabra y en ocasiones incluso con sinónimos.

En esta falsa creencia de que por utilizar el inglés somos más modernos, empezamos el día en la toilette, más higiénica que el lavabo, poniéndonos slips y no los anticuados calzoncillos, lo que permite marcar paquete donde no lo hay. Al afeitarnos usamos after shave, que pica menos que el tónico tradicional y con un poco de body-milk ya estamos guapos.

Ya no desayunamos bizcocho o galletas, sino plum-cake o biscuit que tienen menos calorías. Hemos cambiado el bocata por el sandwich y el tocino por el bacon. Gracias a ello la estatura media de los españoles se ha incrementado.

Cuando vamos a trabajar ya no aparcamos; utilizamos el parking aunque esté tan lleno como el garaje. Los empresarios ya no hacen negocios sino bussines que es más rentable. En el despacho nos han cambiado al jefe por un boss que siempre está meetings con la public-relations o con el marketing senior junto con su secretaria, recién ascendida a assistant, razón por la cual ya no usa medias sino panties.

Nuestro español ha tirado el maletín de mano y se ha comprado un attaché. Al contrario de nuestros padres, que lo llevaban repleto de papeles y de bocadillos en papel de aluminio, lleva un gsm, un fax-modem y un notebook para enviar e-mail, hacer ftp, visitar webs y postear en las news. La secretaria (perdón, assistant), aunque es de un pueblo de provincias hace mailings y trainings sin despeinarse gracias al nuevo look de su esteticien.

Al mediodía salimos de la oficina por el hall (el vestíbulo está en obras) para ir a comer al self-service y nos encontramos con los yuppies, los ejecutivos más in, que dudan entre la comida fría de un lunch o un roast-beef, que, según los entendidos, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne. Y como para todo hay clases, el manager y otros vips de la empresa se han pasado del solomillo al steak. En mesas aparte, los obreros, que no saben inglés, sacan la fiambrera en vez del tupper-ware. Eso si, a los postres todos coinciden: yogourt light.

Durante la comida ya no se habla de sentimientos sino de feelings que es más humano. Nadie se preocupa por el escalafón dentro de la empresa sino por el ranking, que está mejor pagado y sobre todo ahora que no hay tantos inconvenientes sino tan solo algunos handicap.

Después de trabajar unos sacan tickets para el cine mientras otros van al pub, donde toman un cocktail o un bitter que no existe en los bares con el suelo lleno de kleenex. Los amantes de la música, ya sea jazz, blues, country o new age compran compacts en el stand de la esquina; más baratos pues han sustituido los derechos de autor por royalties y las facturas por tickets. Hasta en los walk-man suenan mejor.

Los más presumidos se van a un gimnasio a hacer gim-jazz o aerobic con unos shorts de importación (made in Ourense) junto con otros miembros de la jet que vienen de hacerse liftings. En ocasiones hasta pueden saludar a alguna conocida top-model amante del body-fitness, que acaba de superar el casting de un próximo film. Y es que gracias al inglés los españoles han descubierto el sport. Ya no corren; hacen jogging o footing, se suda menos y adelgaza más. No es de extrañar por lo tanto, nuestra afición al camping o al basquet dejando para el tercer mundo las acampadas o el baloncesto.

Mientras tanto los niños leen comics en vez de tebeos (sonríen más y mejor) e intercambian pins en lugar de insignias, bajo la atenta mirada de las baby-sitters, más competentes y preparadas que las niñeras.

Los mayores ya no estudian. Hacen masters cuando no están pegando posters, creyendo que son carteles, para una próxima partie, que promete más marcha que una simple fiesta. Y es que desde que las discotecas se han convertido en nigth-club, las cintas en cassettes y los coches en limousines, uno ya no recuerda si Beethoven componía rock o si Julio Iglesias se dedica al heavy metal.

Ya en casa, tenemos la televisión y la CNN. A diferencia de los años 70, ya no hay entrevistas ni espectáculos. Ahora tenemos intervius, magazines y reality shows con presentadores todo OK. Si al programa se le añade morbo ya tenemos un show heavy y para pagar el caché, pues ellos no trabajan por dinero, ya no nos ponen anuncios, sino spots, que, aparte de tener mejor imagen y sonido, nos permiten hacer zapping.

Y con todo esto nos vamos a dormir en la creencia de ser una potencia de primer orden. Y claro, con tanta confianza, entre las sábanas nos creemos uno de los sex-symbol de Hollywood; dejamos de ser hombres para creernos superman y la girl nos envía a freír puñetas on the rocks.

Menos mal que todavía nos quedan los acentos, los toros y la siesta.

Goodbye. See you tomorrow.

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Juan Rodríguez [Consultor]

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